Declaración

¿Qué es el Día de la Romanidad?

Muchas de las actuales naciones de Europa, norte de África y Oriente Próximo no se entienden sin el hecho de que se asientan sobre lo que fue la ecúmene romana. Sin ese pasado romano, tales países y tales gentes serían muy distintos o directamente ni serían. Y el Día de la Romanidad pretende festejar ese origen común de pueblos que, tras la extinción política de Roma, siguieron caminos a veces muy distintos.

Eso es lo que definimos como Romanidad: el conjunto de naciones que en unos casos tienen su origen en lo que a nivel popular se conoce como el antiguo Imperio romano y que, en otros, son lo que son gracias a la influencia que la cultura romana ejerció sobre ellas.

El mundo romano no surgió de la nada, sino que fue la culminación de un proceso de difusión cultural que tuvo como corazón el Mediterráneo. Aunque ya diversos pueblos habían estado intercambiando —por todas esas costas y durante siglos— conocimientos, productos agrícolas, manufacturas y tecnología, con Roma se alcanzó la cumbre del proceso. Roma asimiló culturas previas como el helenismo, se transformó de manera radical y, a su vez, se convirtió en difusor de esa cultura mestiza por tres continentes, llevándola mucho más allá de las riberas visitadas en tiempos por griegos y fenicios.

Eso fue la ecúmene romana: una entidad política y cultural que llegó a integrar a multitud de etnias y culturas autóctonas de lo más diversas. Con el tiempo, se dividiría en los imperios de Oriente y Occidente. El segundo entró en un largo proceso de decadencia política que le llevó a desaparecer en el siglo V. Pero su extinción fue solo política. Durante largo tiempo, multitud de habitantes de los antiguos territorios occidentales siguieron considerándose romanos, por lo que podemos decir que la nación sentimental romana continuó existiendo durante siglos.

Y más todavía perduró la nación cultural. Subsistió en la mayor parte de esos territorios, amalgamándose o incluso asimilando a los pueblos que los habían conquistado. Fue un proceso largo que, con el tiempo, llevó al nacimiento de las diferentes naciones que ahora ocupan buena parte de Europa y el norte de África. En cuanto al Imperio de Oriente, duraría mil años más, para desaparecer en el siglo XV, tras haber perdido casi todo su territorio ante el empuje de diversos invasores. Muchos de sus habitantes se islamizaron —todos en costumbres y la mayoría en religión—, pero el sustrato romano siguió ahí, influyó a su vez en los vencedores y sería a menudo protagonista en el curso seguido esas gentes.

La riqueza cultural acumulada durante siglos y la superioridad tecnológica romana hicieron que, con frecuencia, los vencedores adoptasen instituciones, legislación, técnicas e incluso la lengua romana. Y, cuando no, incorporaron a su cultura mucho de todo eso. Sobre esa base se inició la evolución cultural de las naciones que a día de hoy integran lo que llamamos la Romanidad.

En la propia Península Ibérica, los visigodos —que no llegaron como invasores sino enviados por los romanos a combatir a suevos, vándalos y alanos, y restaurar la paz— mantuvieron el orden romano. Con ellos, se prolongó dos siglos en Hispania la Antigüedad Tardía, hasta que el estado visigodo fue destruido por invasores musulmanes a comienzo del siglo VIII. Y tanto los hispanorromanos del norte como los andalusíes conservaron sus rasgos culturales romanos, que fueron mestizándose con influencias norteuropeas e islámicas a lo largo de un proceso tan dilatado como lógico.

La opción del 4 de septiembre para celebrar el Día de la Romanidad hace referencia al día en el que, en el año 476, Odoacro depuso a Rómulo Augústulo y liquidó de manera formal lo poco que quedaba del Imperio de Occidente. La hemos elegido por su valor simbólico, por lo antes dicho: ahí se acabó el Imperio de Occidente como nación política, pero no como nación cultural (en la que incluimos el Imperio de Oriente) y aún pervive en la Romanidad, de la misma forma que un abuelo lo hace en sus nietos.

En una época llena de luces gracias a los avances sociales, científicos y tecnológicos, parte de las sombras las pone un identitarismo ciego y epidémico que lleva a fabricar colectivos a partir de un rasgo de identidad —ideológico, religioso, étnico, sexual— para luego enfrentarlos al resto. A la construcción de un nosotros contra los otros basado en cualquier diferencia en el fondo secundaria. Es una razón más para celebrar lo que une a una parte considerable de la humanidad, en vez de dar importancia a lo que pueda dividirla.

El Día de la Romanidad, por tanto, no es un ejercicio de nostalgia. Tampoco la vindicación de ningún pasado glorioso real o supuesto. Pretende festejar que gentes de tres continentes tienen raíces comunes de las que surgieron troncos muy diversos, gracias a evoluciones sociales y políticas distintas. Celebrar que, dentro de una humanidad que es una, parte de ella cuenta con un pasado común que sobrevive en muchos rasgos culturales actuales. Eso es la Romanidad.

Si quieres, puedes escuchar esta misma presentación en este reproductor. Voz: Victoria Mateos.